miércoles, 16 de diciembre de 2015

Las dos realidades de Salvador Dalí

El renombre no siempre conlleva la comprensión. La comprensión de uno mismo, del entorno y la búsqueda de la ajena hacia el ego son algunos de los factores que más marcaron, tangencial y directamente, la vida y obra de Salvador Dalí, quien encarna tantos aspectos de su época y su acervo que su interminable enumeración nos obliga a relevar muchos de ellos a un segundo plano. Al igual que la realidad “no puede reducirse a un solo uso temporal”, éste legado no puede estar sujeto a una única interpretación o una sola historia. Dalí no era los sueños, no era la ciencia, la religión, el fantasma de su hermano, la asfixia de su padre, el rechazo de Bretón, Gala, la paranoia crítica, El Ángelus o la academia. No era y sin embargo fue todas ellas en una amalgama de irrealidad doctrinal que hace de sus cuadros acertijos llenos de interpretaciones y sobretodo de belleza.


'El gran masturbador' (1929)./ lav.rtve

El documental “Dimensión Dalí” (Joan Úbeda, 2004) se centra en una de las facetas más curiosas y estudiadas por el pintor: su interés por la ciencia como método para la comprensión del mundo y la aplicación de ésta al arte mediante la figuración onírica de los preceptos empíricos del saber del s. XX. Observamos cómo en una primera época su interés se centró en las nuevas teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud y en las innovaciones del mundo científico como la teoría de la relatividad que reflejará con gran maestría en “La persistencia de la memoria” (1931), por poner el ejemplo más fácilmente apreciable y reconocido, una de las muchas expresiones de su análisis exhaustivo de la realidad de la que intenta escapar pero de la que siempre quedan vestigios insalvables, representados en las figuras sólidas del racionalismo –en este ejemplo concreto las ramas- sobre las que se apoyan figuras lánguidas, derretidas, que a pesar de la abstracción onírica de la mente siempre se encuadran en una estructura rígida, característica de la realidad que inevitablemente limita la ensoñación.