miércoles, 25 de mayo de 2016

El ciclo que no somos capaces de cerrar: la barbarie de la síntesis y la peligrosidad de la especialización del conocimiento

No es noticia para nadie vinculado al mundo de la comunicación la deriva generalizada que se ha instaurado durante estos últimos –en términos históricos- tiempos. Es posible adquirir una visión general de la división de las ciencias, y posteriormente de sus aplicaciones comunicativas, basándonos en teorías cíclicas similares a los ciclos económicos propuestos por Paul A. Samuelson o N. Kondrátiev, observando cómo la especialización y la síntesis de los conceptos han regulado su difusión entre estos dos movimientos contrarios a lo largo de la historia del conocimiento.

Estos saberes han sido divididos, desde el comienzo de su estudio de sí mismos, entre vulgares y científicos, partiendo del conocimiento “vulgar” total de la cosmovisión de la vida en las primeras sociedades (Paleolítico, Neolítico y Edad de los Metales) posibilitado por la general transmisión rápida y de sencilla aplicación para la vida cotidiana pero evolucionados hacia la tan humana contraposición de unos y otros, y éstos en otros muchos con valencias muy dispares de condicionamiento social y no esencial.

No obstante, este paradigma se ha visto evidentemente condicionado en los últimos años, pues debido a la actual y vertiginosa evolución del medios comunicacionales no hay lugar a la delimitación entre unos conocimientos y los “opuestos”, con el acceso potencial a la mayoría de ellos por muchos (y paulatinamente todos) de nosotros, como dilucida J. L. Cebrián cuando escribe: “se ha abierto un modo entre ciencia y técnica por un lado y humanismo por otro. Es hora de unir, no de dividir. […] Se requiere, pues, la unión entre lo técnico y la sociedad.” Ya Platón excluía con la idea de la paideia conocimientos utilitaristas, en una síntesis que se proclamaría plena en la reunificación aristotélica de todas las ciencias bajo la filosofía, que a posteriori experimentaría la consecuente especialización con las divisiones trívium-quadrivium que marcarían el curso del conocimiento hasta casi el Renacimiento o incluso según estudiosos hasta la Edad Moderna.